INIA e INAC siguen investigando para dar a la comercialización ganadera instrumentos de manejo similares a los que tiene disponibles ya la agricultura. 

En los últimos meses el comportamiento del mercado ganadero ha sido especialmente errático. Un año atrás los precios eran  muy altos, tanto en el ganado gordo como en los terneros. Habitualmente el período de menos oferta es la salida del invierno, cuando la oferta de ganado disminuye.


Pero no fue así el año pasado. Los precios bajaron en el segundo semestre y han  continuado en descenso, tomando por sorpresa a muchos productores que mantuvieron el  ganado en los campos ayudados por las generosas lluvias. Cuando llegó el momento de vender, en lo que habitualmente es la época de la poszafra en la primavera pasada, los precios ya estaban flojos. Los productores esperaron, pero los precios siguieron en baja. Cuando vendieron se encontraron con un producto –especialmente si eran vacas– sorpresivamente desvalorizado.

La existencia de un mercado de una operativa a futuros podría ayudar a dar previsibilidad al negocio tanto para vendedores como para compradores, pero por ahora no ha logrado concretarse.  Una experiencia a comienzos de los años de 1990 llegó a operar, pero se fue quedando sin volumen y finalmente se detuvo. Estudios posteriores llevados adelante por la Bolsa de Valores no llegaron a generar proyectos concretos.

El Instituto de Investigación Agropecuaria (INIA) sigue estudiando el tema y ve algunas oportunidades como para que la herramienta que tanto se usa en la agricultura pueda algún día funcionar en la ganadería. A través de una investigación realizada por el INIA y cofinanciada por el Instituto Nacional de Carnes (INAC) se estudió la posibilidad de que en Uruguay pueda existir un mercado de futuros y opciones mediante el cual se pueda cubrir el riesgo de precios en la actividad ganadera. La investigación apunta a identificar los elementos que permitirían el funcionamiento exitoso de dicho mercado en la realidad uruguaya.

El estudio encuentra dificultades vinculadas a la participación directa de los productores en ese mercado teniendo en cuenta la gestión empresarial, administrativa y financiera importante que requeriría un proceso de ese tipo. Según el Censo Agropecuario 2011, el 75% de los establecimientos ganaderos en el país constan de 500 has o menos, lo cual indicaría que son pocos los productores que podrían operar en un mercado de futuros y opciones en forma directa.

La investigación indica que quienes deben participar en este tipo de actividad para que funcione establemente  son la industria frigorífica, instituciones del sistema financiero y agentes que buscan hacer  negocios. Es decir, especuladores e inversores. Eso no es fácil de lograr. Pero a pesar de esos desafíos, el estudio remarca que Uruguay está por delante de otros países en cuanto a la credibilidad del índice de precios ganadero, algo que es esencial para dar credibilidad a la actividad. “En esto Uruguay tiene una ventaja absoluta frente a otros países, al ser los precios de INAC producto de un censo que abarca la totalidad de las transacciones y no tan solo una encuesta. Su única limitante, en la actualidad, es su periodicidad semanal. Es absolutamente necesario contar con información diaria, algo que INAC tiene toda la capacidad de ofrecer a corto plazo”, dice el trabajo.

En este aspecto, Alejandro Zambrano, vicepresidente de la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG), dijo que el mayor problema que ve para la formación de un mercado de futuros y opciones es poder formar el mercado, es decir lograr que alcance el volumen suficiente. Agregó que no hay un mercado en Uruguay en el que actúen especuladores como en Estados Unidos y aunque fuera muy bueno que existiera “tal vez no sea el momento todavía”, dijo.

El consultor Roberto Vázquez Platero también opinó que es muy difícil que se den todas las condiciones para que el mercado de futuros sea viable. Sostuvo que “en Uruguay prácticamente no tenemos un mercado de valores, la gente invierte poco y nada en estos ámbitos. En Estados Unidos funciona porque hay gente que apuesta, pero tampoco en carne tiene la importancia de otros commodities. Pero hay una muy buena clasificación de los productos que se venden porque el Departamento de Agricultura es el que hace la clasificación y lo basan en eso. Acá habría que hacer una muy buena tipificación o clasificación de los animales para poder estar hablando de una cosa homogénea”.

Por su parte, Eduardo Urgal, gerente comercial de frigorífico Pando y delegado de la Cámara de la Industria Frigorífica ante el INAC, opinó que la necesidad de un mercado de futuros y opciones existe no solo desde el punto de vista de los productores, sino también desde el lado industrial.  “Yo soy totalmente entusiasta frente a cualquier herramienta que sea útil para las partes, que ayude a fidelizar el mercado y a crecer el negocio. El tema es que nosotros no tenemos hoy contrapartida por la diversidad y volatilidad de mercados que tenemos, o al menos yo no las veo”, dijo.

También mencionó que considera que actualmente lo más parecido al mercado de futuros para la ganadería en Uruguay es la cuota 481, lo cual no es un mercado financiero sino que es físico y es de mediano y corto plazo, es decir de tres a cuatro meses. “El Frigorífico Pando compromete un precio o puede llegar a hacerlo para tres o cuatro meses hacia delante para un novillo certificado con ciertas características de cuota 481. Pero yo apenas genero cobertura en el 50% del animal. Porque del 100% de la carcasa que compro, hay un buen porcentaje que es hueso y desperdicio, parte del resto son productos que se venden en el mercado interno y después está el set de cortes de cuota 481 en el mejor de los casos llega al 50% del peso. Nosotros podemos llegar a asegurar el 50% del precio de nuestra carne y con eso nos jugamos a asegurar el 100% del precio del ganado y es lo más cercano que tenemos a un mercado de futuros”, agregó.

Entre los elementos estructurales en los que, según la investigación realizada, Uruguay no tendría problemas en cuanto al desarrollo de una cobertura de precios ganaderos a través de contratos de futuros y opciones, se encuentran la volatilidad y la formación de precios.

La volatilidad de los precios es indicada como un factor necesario porque de no existir no habría incertidumbre y un mercado de futuros que no dé cobertura a la incertidumbre no tiene sentido. El estudio establece que especialmente en los últimos cinco años la volatilidad de los precios de ganado para faena ha aumentado. Incluso en 2004 se llevó a cabo un estudio sobre la variación de los precios y se concluyó que existían condiciones para que hubiera contratos de futuros en los precios de la ganadería.

La formación del precio en el mercado ganadero tampoco sería un impedimento según las conclusiones obtenidas, ya que el precio está estrechamente relacionado al precio internacional de la carne y podría ser considerado exógeno, como consecuencia de la determinada orientación exportadora de nuestro mercado de haciendas.

Otro elemento importante para su funcionamiento es un volumen y grado de liquidez considerable de  operaciones. Según establece el trabajo, “tomando los meses que históricamente han exhibido los menores niveles de faena (agosto, setiembre y octubre), se podría establecer un mínimo mensual de 140 mil cabezas. Considerando un peso vivo promedio a la faena de 488 kilos para el novillo y 418 kilos para la vaca, se obtiene una producción mínima mensual en torno de los 64,5 millones de kilos en pie. A groso modo esto representa unos 16.000 contratos al mes u 800 contratos por rueda (para un contrato de 4.000 kilos como el que operó en el país, pero transado en ruedas diarias), asumiendo el 100% de la producción cubierta en el mercado de futuros y opciones (MFO)”.

“En el mes de máxima actividad (mayo), la faena supera en promedio las 200 mil cabezas, ponderando una producción de 93,3 millones de kilos en pie. Esto se traduciría a en un poco más de 23.300 contratos al mes o unos 1.200 por día hábil de operaciones. Si el volumen a ser cubierto en el MFO alcanzara una proporción cercana al 10%, significaría un volumen en el entorno de los 23.000 contratos al año (existen existencias exitosas de MFO sobre la base de entre 20 y 30 mil contratos al año)”.

Guzmán Tellechea, representante de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) ante la Junta directiva de INAC, dijo que esta herramienta es de utilidad, pero es necesario que el mercado se forme y tenga un volumen interesante para todos los que actúan en el negocio. “Tiene que haber masa crítica para que el efecto sea válido, y eso hasta que no esté funcionando es muy difícil determinarlo”, sostuvo.

Por otro lado, la existencia del mercado de futuros y opciones no se ve favorecida por las formas de explotación. Bruno Lanfranco, investigador principal de INIA, destacó que es muy difícil que pueda existir un mercado de futuros en el corto plazo (dos o tres años) en una ganadería donde el 90% se engorda a pasto, lo cual permite cierta especulación, y en la que falta un conocimiento completo sobre los costos y la planificación. En cambio, una mayor terminación mediante feedlots y corrales implicaría un manejo más riguroso en cuanto a costos y una exposición a riesgo mayor por los tiempos más acotados de venta, lo cual impulsaría el desarrollo de herramientas para reducir riesgo y posibles pérdidas.

Otro aspecto que trataron en la investigación fue en dónde podría llevarse a cabo tal mercado en caso de que pudiera funcionar. Es decir, si sería un contrato como el que se hizo en 1993 en la Bolsa de Valores de Montevideo o si podría ser a través de otra Bolsa. Sobre esto Lanfranco dijo: “si bien la Bolsa de Valores de Montevideo evolucionó en estos últimos 20 años, si se mira su estructura de negocios se ve que sigue siendo preponderantemente sobre deuda pública con por ejemplo Bonos del Tesoro. Los operadores uruguayos tienen más aversión al riesgo que operadores de otras Bolsas. De modo que nos preguntamos si se podía técnicamente hacer coberturas con el mercado de San Pablo. Nuestra conclusión básicamente fue que técnicamente sí se puede, hicimos un análisis estadístico que mostró que los precios uruguayos y brasileros tienen una cierta convergencia general”.

Sin embargo, esta cobertura tiene dificultades. La producción brasilera se dirige fundamentalmente al mercado doméstico (80% de la producción aproximadamente) mientras que Uruguay se enfoca más a la colocación externa y  esto hace que estemos más expuestos a shocks.  Se comprobó que los precios demoran en volver a estar correlacionados después que divergen, lo cual si bien no inhibe el mercado si lo complica. “Si tuviéramos un mejor Mercosur tal vez podríamos llegar a tener mercados de precios  bastante similares que permitieran por ejemplo tener un contrato de futuros no solo para Uruguay sino que para la región”, agregó.

También pudieron saber que la Bolsa de San Pablo podría llegar a estar interesada en crear en algún momento un contrato de futuros dentro de ella  que fuera para Uruguay o Uruguay y Rio Grande do Sul que es una región con un poco más de convergencia en precios.

El anodino mundo financiero uruguayo

Muchos productores ganaderos uruguayos miran con añoranza a los mercados de Chicago. Por un lado, por los precios que se ubican algo por encima de los US$ 3 por kilo vivo para el novillo gordo y supera los US$ 4 por kilo para el ternero. También porque esos mercados de futuros dan referencias de precios para el ganado hasta adentrado 2015. Algo que los ganaderos uruguayos desearían tener y que los agricultores uruguayos ya tienen. Pueden vender ya soja a entregar en julio de 2015.

La ganadería ha perdido área frente a la soja en forma persistente por razones variadas.

Es cierto que los márgenes de la oleaginosa son difíciles de superar. Pero también es un hecho que la capacidad de formar precios con anticipación a la venta del producto en forma física es una herramienta cada vez más importante en la gestión de las empresas.

Los movimientos de precios de los últimos meses, que han decepcionado a muchos productores, podrían ser un iniciador de una movida que permita dar a la ganadería una mayor previsibilidad que sirviera a todas las partes.

Y que empezara a cambiar al anodino mundo financiero de Uruguay.

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